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Cuando la manada crece

Deseas tener un bebé, pero tienes un perro en casa y no sabes cómo reaccionará con la llegada de este nuevo integrante a la familiar. Esto es lo que debes hacer cuando la manada crece:

Puede ser una ocasión delicada si no se sabe llevar bien, pero no temas, seguro que con paciencia y cariño tu perro acogerá a tu bebé, y no habrá celos ni problemas de territorialidad.

Mientras estés en la clínica lleva a casa alguna prenda con el olor del niño. Acaricia a tu perro para que de este modo asocie dicho aroma con experiencias agradables. Recuerda que son animales de manada e instintivamente saben que esta puede crecer.

Si al principio no deseas que entre a ciertos lugares de la casa, limita su acceso inicialmente con barreras mecánicas, como baby gates, que luego irás quitando a medida que vaya aprendiendo.

Sé paciente y constante; los cambios toman tiempo para ser asimilados por todos, incluyendo a tu perrito. Asegúrate de que tu perro tenga sus vacunas al día, esté desparasitado, y trata que no sea muy dependiente de ti para que no vea al bebé como rival.

PRIMER CONTACTO

Es completamente normal que tu perro muestre curiosidad ante la llegada del pequeño. Es importante actuar de tal forma que tu mascota investigue al nuevo miembro de la familia y, al mismo tiempo, evitar que le haga daño sin querer.

La llegada de un bebé absorbe gran parte del tiempo, pero no olvides darle atención necesaria a tu mascota recuerda que, al igual que el nuevo miembro familiar, él también depende exclusivamente de tu cuidado.

  • Es importante actuar de la forma más relajada posible. De lo contrario, puedes transmitir tu excitación o nerviosismo al perro.
  • Evita castigarlo por ser curioso con el bebé. Si lo haces podría asociar la presencia del niño con algo negativo. Déjalo que se acerque a él con calma.

  • Si el perro es de gran tamaño o muy nervioso, una buena idea es mantenerlo sujeto con la correa de paseo, hasta que su ímpetu por oler al niño se reduzca.
  • Si se acerca al bebé y lo huele de una forma calmada, debemos premiarlo con caricias y palabras suaves sin que el tono de voz lo estimule al juego.

  • Es importante no forzar la interacción entre el perro y el niño y permitir que el proceso se lleve a cabo de forma gradual.
  • Jamás dejes a tu mascota sin supervisión directa. Un perro puede, sin querer, hacerle daño al niño, por ejemplo, apoyando sus patas y volcando la cuna.

Si el niño está presente, debes, en la medida de lo posible, prestarle atención también al perro. Todos los juegos, las caricias y las golosinas deben ser entregadas en presencia del niño.

Debes tener en cuenta que los perros son sumamente inteligentes y asociaran tanto la atención como el desplazamiento. Es decir que su aprendizaje será algo como: “cuando está el niño delante, me hacen caso y me divierto como siempre., pero cuando este desaparece, me aburro y ellos me ignoran”.

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